El Gobierno norteamericano inició una guerra comercial a nivel mundial con el objetivo político de mejorar la capacidad competitiva de Estados Unidos, reducir el tráfico de fentanilo que llega desde México y Canadá, y aplacar la ola de inmigración indocumentada que inicia al sur de América Latina.
En este contexto, Trump impuso altos aranceles a socios históricos de Estados Unidos -Unión Europea y Corea del Sur, por ejemplo-, dilata una negociación compleja con México y castiga sin dudar a Brasil, India y China, que confluyen sus intereses geopolíticos en los BRICS junto a Rusia y Sudáfrica.
La relación estratégica con nuestro país fluye, pero los actuales intereses globales de Estados Unidos bloquean las posibles ventajas que podría tener Argentina al momento de cerrar su acuerdo de aranceles con Washington.
Según destacan, la administración republicana no dará al gobierno de la Libertad Avanza ninguna excepción que implique establecer un caso testigo que otros países cercanos a Estados Unidos puedan utilizar para mejorar sus propias posiciones arancelarias.
La reluctancia de Trump congeló la posibilidad de obtener arancel cero para determinadas exportaciones hacia Estados Unidos, y hasta ahora lo que hay es que Argentina quedará con un 10 por ciento de mínima.
Al Gobierno, le alcanza con el anuncio del presidente de los Estados Unidos. Trump todavía no lo hizo con ningún país de America Latina, y ese gesto político marcaría una diferencia en un contexto internacional atravesado por la incertidumbre y la confrontación.

